lunes, 1 de abril de 2019

¿Simple desaceleración del crecimiento o nueva recesión en 2019?

Gabriel Flores

¿Simple desaceleración del crecimiento o nueva recesión en 2019?



nuevatribuna.es, 3 de enero de 2019.



El retroceso de las cotizaciones y el aumento de la volatilidad de

los mercados de acciones son inequívocos e intensos.

Los principales índices bursátiles de todo el mundo han sufrido en la segunda mitad de

2018 caídas muy importantes en medio de una volatilidad y un nerviosismo crecientes

de los mercados. ¿Qué significa ese retroceso? ¿Tiene algo que ver con la economía

productiva o real? ¿Podría ser un indicador adelantado de una nueva recesión capaz de

volver a destruir empleos, hundir los ingresos del sector público, desbaratar tejido

empresarial y menguar la capacidad adquisitiva de la mayoría social? ¿Vamos camino

de un nuevo desastre económico o hay herramientas políticas y consensos suficientes

para lograr un aterrizaje suave de la economía mundial en forma de paulatina

desaceleración del crecimiento?

Veamos, en primer lugar, una muestra del tsunami bursátil ocurrido en 2018.
*Pérdida del valor de cotización al cierre de la última sesión del año 2018 respecto a la última

cotización de 2017. **Pérdidas en el último trimestre del año 2018 (31 de diciembre o última sesión de

2018 respecto al 1 de octubre). Fuente: Elaboración propia con los datos de cotización de los diferentes

Índices.


El retroceso de las cotizaciones y el aumento de la volatilidad de los mercados de

acciones son inequívocos e intensos, muy concentrados entre agosto y diciembre en el

caso europeo o en el último trimestre, en EEUU.

Las causas, muchas y diversas, están relativamente claras y pueden resumirse en cinco

factores que provocan el nerviosismo y el miedo de ahorradores e inversores: retroceso

y fuertes tensiones proteccionistas en el comercio mundial; bajas tasas de paro que
reducen las posibilidades futuras de expansión y aproximan el crecimiento real del PIB


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al crecimiento potencial (estimado en un 2% anual en EEUU o algo menos en el caso de

la eurozona); aumento de las tasas de interés con el abandono de las políticas

monetarias expansionistas; caída por saturación, tras varios años de fuerte crecimiento,

de los proyectos de inversión productiva, las carteras de pedidos de las empresas y la

demanda de vivienda, automóviles y bienes duraderos; crisis de representación política,

problemas de estabilidad sociopolítica y dificultades de gestión y liderazgo para afrontar

los graves problemas globales que están pendientes de resolver y sobre los que no

existen consensos mínimos ni voluntad, especialmente por parte de EEUU, para

negociarlos de forma multilateral.
En el caso de Europa y la eurozona hay que sumar las dificultades para encontrar una

solución negociada al Brexit que resulte satisfactoria para ambas partes, el conflicto


abierto entre el gobierno de Italia y la Comisión Europea a propósito de la senda de
reducción del déficit público italiano y el ascenso generalizado de la extrema derecha

xenófoba y euroescéptica en un año de elecciones al Parlamento Europeo que coinciden


con el debilitamiento político de los dos principales líderes políticos, Macron y Merkel,

que mostraban algún tipo de voluntad y detentaban poder suficiente para impulsar

reformas europeístas imprescindibles. Tal cúmulo de dificultades ha hecho aumentar de

nuevo las expectativas de resquebrajamiento de la eurozona y traban las tareas de

mitigación de las políticas de austeridad y de avance en los cambios institucionales que

son necesarios para que la moneda única no genere más problemas de los que puede

contribuir a resolver.

Las dificultades al analizar la evolución de las bolsas mundiales no residen tanto en

identificar las causas del fuerte retroceso de las cotizaciones bursátiles como en

comprender la naturaleza y la dinámica de su caída para que autoridades e instituciones

con capacidad de decisión puedan intentar evitar lo peor: que la desaceleración en curso

del crecimiento económico no desemboque en una nueva crisis global y en una nueva

recesión en la eurozona. Pero, en gran parte, se trata de un problema irresoluble, en el

sentido de que no hay ninguna base científica para hacer previsiones o, lo que es lo

mismo, para realizar un cálculo de probabilidades suficientemente sólido de los

distintos escenarios posibles.

Simplemente, nadie sabe ni puede saber qué ocurrirá en 2019. Y a esa ausencia de datos

o información sobre los que construir conocimiento y acción política se unen,

complicando el análisis, los intereses de las poderosas empresas que tienen su negocio

en la intermediación bursátil y la especulación financiera y tratan de convencer a sus

clientes actuales (para que no abandonen los mercados) y potenciales (para que entren y

aprovechen las bajas cotizaciones) de que la incertidumbre y el riesgo se pueden

gestionar y representan grandes oportunidades para multiplicar sus beneficios.

En tal situación de confusión y desconocimiento, para qué entretenerse en examinar

fenómenos, la recuperación o continuidad en los próximos meses del notable retroceso

sufrido por los valores bursátiles en los últimos meses de 2018 y su potencial incidencia

sobre la economía real en 2019, tan inciertos como pueda ser el prever la evolución de

la articulación territorial de España en los próximos veinte años. No tengo una

contestación clara que justifique ese trabajo analítico, pese a ello intentaré hilvanar

algunas ideas sobre el tema, con la intención de entender algo más la frágil situación de

la economía de la eurozona en el contexto de una delicada situación de la economía

mundial. Un debate y un esfuerzo de análisis que deben realizar y promover las fuerzas

progresistas y de izquierdas para comprender mejor la nueva situación en la que van a

desarrollar sus tareas en 2019.
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1. La desaceleración del crecimiento mundial

La ralentización del crecimiento de la economía mundial es ya evidente y todas las

previsiones realizadas por las principales instituciones de prospección económica la

señalan y prevén su continuidad en 2019 y 2020. El escenario de una nueva recesión

global o específico de la eurozona no son descartables, pero no son los más probables.

Las causas de la desaceleración del crecimiento provienen esta vez de la economía real,

sin que puedan establecerse paralelismos con la recesión del año 2000, cuya chispa fue

la explosión de la burbuja de las acciones tecnológicas, ni con la de 2008, con el

estallido de la burbuja de activos financieros, en gran parte tóxicos y opacos, vinculados
a la burbuja inmobiliaria. En la eurozona, parte del exceso de endeudamiento de los


hogares y empresas ya se ha absorbido y las dificultades para cumplir con sus

obligaciones de pago son significativamente menores que en años precedentes. Las

tareas de saneamiento del sector bancario han tenido efectos, el porcentaje de sus

créditos de dudoso cobro ha descendido, el crédito al sector privado aumenta y, en

general, salvo excepciones puntuales (algunos grandes bancos, especialmente en Italia),

el conjunto del sector y los grandes bancos sistémicos han aumentado su nivel de

solvencia. Y en cuanto a los desequilibrios de las cuentas públicas de los países que

comparten el euro, el déficit público que garantiza la solvencia presupuestaria del

conjunto de la eurozona es aproximadamente de un 3% del PIB, con un amplio margen

de subida para el déficit público real, que se sitúa actualmente en un nivel muy inferior,

de alrededor del 1%. Esa mejor situación no significa que la crisis de la eurozona se

haya superado o todos sus problemas económicos se hayan resuelto. Ni mucho menos.

Entre otras cosas, porque la mejoría macroeconómica de las cuentas públicas y

exteriores se debe en gran parte a unas políticas de austeridad y devaluación salarial que

han extendido la pobreza y la exclusión, han deteriorado el mercado laboral,

multiplicando los empleos indecentes y los salarios indignos, han generado mayores

niveles de desigualdad y han eliminado las expectativas de encontrar empleos decentes

en una parte muy importante de la juventud. Esta vez, la desaceleración del crecimiento

prevista en 2019-2020 no proviene de la gran capacidad destructiva del mundo de las

finanzas o de su naturaleza especulativa.
2. La desconexión entre el valor de las acciones y la situación de las empresas

Hay una clara desconexión entre la relativamente buena situación real de los grandes

grupos empresariales y bancarios que cotizan en bolsa y la fuerte caída del precio de las

acciones, asociada a una creciente y desestabilizadora volatilidad que alienta la

reiteración de intensos retrocesos y rápidas recuperaciones. Sin embargo, la rentabilidad

de las empresas está en niveles muy superiores a los de antes de la crisis, al igual que

los rendimientos del capital que se distribuyen entre los accionistas, a pesar del

escándalo que ese aumento produce en las opiniones públicas; las quiebras y

suspensiones de pago siguen descendiendo y están en niveles históricamente bajos; las

tasas de interés son muy reducidas y, como consecuencia, los costes financieros tienen

un efecto negativo pequeño sobre los buenos resultados de explotación de las empresas.

En definitiva, aunque los riesgos e incertidumbres de la economía mundial son muchos

y muy altos, el nerviosismo y las reacciones de los mercados financieros no se explican

por los datos que fundamentan los beneficios y la rentabilidad o la solvencia de las

empresas, sino por un aumento de la aversión al riesgo entre los inversores que cabe

considerar desproporcionado y, en gran parte, desconectado de la situación económica y

financiera de las empresas. Y por un nerviosismo creciente de los inversores ante la

falta de capacidad que muestran autoridades e instituciones políticas para afrontar los
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problemas y acordar reformas imprescindibles para superarlos o, al menos, tenerlos bajo

control.
3. La crisis del modelo de globalización neoliberal

La situación se ve agravada por la crisis que vive el modelo de globalización económica

y financiera neoliberal que se instauró como fuerza primordial de la expansión y


acumulación del capital en los años 80 del pasado siglo. Crisis que ha desestabilizado

también los espacios políticos tradicionales que han servido de sustento a esa

globalización y las grandes ideologías asociadas a esos espacios políticos. En tal

situación, una parte de los poderes económicos y las derechas está intentando rescatar

buena parte de las ideas neoliberales (las referidas a la expansión de los mercados sin

trabas reguladoras) asociándolas a una ideología neosoberanista que haga viable y

proporcione estabilidad a un nuevo modelo de globalización compatible con una parcial

recuperación de la soberanía nacional y del papel económico y regulador de los Estados.

De esos afanes y pugnas derivarán una alternativa al desorden económico y financieros

vigentes o su empeoramiento. Es en este contexto de grandes cambios e incertidumbres

mundiales donde hay que situar la emergencia de grandes monstruos políticos, esa

extrema derecha neoliberal y neosoberanista (de la que ya tenemos representación

política en España, a través de Vox, que añade al fenómeno global sus particularidades

postfranquistas), que pretenden marcar la agenda del conjunto de las viejas derechas

europeas, como ya lo ha hecho en EEUU, Brasil y otros países llamados a tener una
gran influencia sobre la alternativa al modelo de globalización neoliberal que está


agotado, no puede continuar y va a ser sustituido o reciclado en la próxima década.

En resumen, malos tiempos para el pensamiento rutinario y el juego político a corto

plazo que sigue predominando. Las fuerzas progresistas y de izquierdas necesitan más

capacidad de análisis y más cooperación en la elaboración de propuestas de cambio

viables y capaces de lograr el respaldo de una amplia mayoría social. Para lograrlo,

sería bueno que se pusieran a la tarea y dejaran a un lado los intereses particulares de las

pequeñas patrias partidistas, la autosatisfacción impostada por lo que hacen o logran, las

maniobras orgánicas para intentar afianzar el poder interno de las distintas fracciones y

los regates políticos efectistas que buscan hacerse un hueco en las noticias del día.

Luchas Campesinas

Luchas Campesinas

17 de Abril. Día Mundial de las Luchas Campesinas

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De la tierra fértil a la mesa: Erradicar el hambre y todas las formas de malnutrición a partir de la Agroecología y el Consumo responsable
El Libre Comercio Global de Alimentos, en manos de un puñado de multinacionales, convierte la Agricultura en una rama de la Industria e impone –con la violencia competitiva de los más fuertes- una constante reducción de los precios en origen a agricultores y ganaderos. Las grandes corporaciones alimentarias, amparadas por las instituciones del capitalismo internacional (BM, FMI, UE, OMC, y Acuerdos multilaterales), con el consentimiento y complicidad de los estados, externalizan los costes sociales, ecológicos, ambientales, culturales, sanitarios, demográficos, territoriales y en derechos humanos asociados a la especulación alimentaria.
El actual desorden alimentario es consecuencia de una aberración fundacional: tratar la producción, circulación y consumo de alimentos como una actividad exclusivamente económica que produce y vende mercancías alimentarias competitivas y rentables, cuando, en realidad, se trata de una actividad social y económica para garantizar el derecho fundamental a una alimentación saludable, suficiente y sostenible.
Desde el enfoque del libre mercado, la modernización de la producción agraria emplea masivamente fertilizantes, pesticidas y otros productos químicos de síntesis, organismos genéticamente modificados (OGMs), antibióticos y cualquier sustancia o procedimiento –por peligroso que sea- lo que aumente la productividad de la tierra, las semillas y los animales.
Esta modernización productivista depredadora y biocida, consume más energía de la que produce y trabaja en contra de los procesos y tiempos naturales de fermentación, fertilidad y maduración. Impide cerrar el ciclo de energía y nutrientes para el suelo procedentes de los residuos de alimentos, cultivos y ganado. Y se presenta como garante del progreso, la lucha contra el hambre y el pacífico desarrollo de las naciones a través del libre comercio. Sin embargo, es una maquinaria de calentamiento global, destrucción de la biodiversidad, la fertilidad de la tierra y su capacidad para enfrentar las plagas y el cambio climático que proliferan con la producción a gran escala y la distribución mundial. Cuanto más avanza crea más hambre, obesidad, enfermedades alimentarias, provoca despoblación del campo, migraciones forzosas, megalópolis inviables, pobreza y exclusión.
La producción campesina que aún no ha sucumbido a la lógica de la industrialización y la mercantilización es intensiva en mano de obra, detiene el despoblamiento rural y la emigración a las ciudades, cultiva a favor de la naturaleza, proporciona alimentos para la población cercana, parte de los conocimientos agroganaderos tradicionales (rotación, variedades locales, recolección en punto óptimo de maduración, cultivos de temporada, tecnologías respetuosas con los procesos y tiempos biológicos y devuelve los residuos orgánicos al suelo) contribuyendo a la fertilidad de la tierra, el ahorro de agua, la reducción de la huella de carbono y la resiliencia frente al cambio climático. La distribución agroecológica y el consumo responsable se basa en la cercanía, el menor número de intermediarios posibles, el fomento de cultura nutricional y pequeña industria transformadora que optimice el aprovechamiento de los cultivos de temporada y el comercio justo para productor@s y consumidor@s.
La Agroecología revaloriza la cultura y valores campesinos incorporando conocimientos agronómicos, diálogo y cooperación entre los distintos eslabones de la cadena alimentaria para afrontar y revertir los daños de una alimentación industrializada, mercantilizada y globalizada.
En el libre comercio de alimentos, cada eslabón sufre –pero también reproduce- la lógica depredadora y autodestructiva del libre comercio global de alimentos. Para la Agroecología y el Consumo Responsable, la producción debe tener en cuenta las necesidades de la distribución y el consumo, y estos últimos, las necesidades de la producción. La Producción Agroecológica no puede prosperar sin la transformación del consumismo individualista en consumo responsable y sin una distribución propia frente a la gran distribución que impone su ley a productor@s y consumidor@s.
La Agroecología es el principal instrumento para luchar contra el hambre, garantizar que nuestros sistemas alimentarios sean sostenibles y nutritivos y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
El Día de las luchas campesinas, 17 de abril, es también el día de las luchas de l@s consumidor@s responsables y de las mujeres que –luchando por su igualdad- protagonizan la defensa de la salud, de los cuidados y de la tierra, protegiendo las semillas, el agua y los bosques de su privatización por parte de las multinacionales.
Campesin@s, consumidor@s y mujeres cooperamos para impulsar cultura alimentaria, crecer en salud, cerrar la brecha entre el campo y la ciudad, crear redes de comercialización desde la responsabilidad compartida y la cooperación de todos los actores (productor@s, transportistas, logistas, distribuidores, cociner@s, nutricionistas, educador@s, familias y, sobre todo, la escuela). Desde la semilla y la tierra fértil a la mesa (familiar, escolar, colectiva o institucional), necesitamos construir nuevos circuitos basados en economía social, respeto al bien común, ecofeminismo, justicia, igualdad, seguridad y soberanía alimentarias para las personas y los pueblos.
Comunicado del Consejo Rector de La Garbancita Ecológica

Romancero de Durruti - Chicho Sánchez Ferlosio


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Romancero de Durruti - Chicho Sánchez Ferlosio
 

EL CINISMO DE LA "SOLIDARIDAD"


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En Haití ya no hay comida ni agua, nadie organiza conciertos ni envía “ayuda humanitaria”.
por elcaminantehn · febrero 25, 2019
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La situación en Haití, la nación más pobre de América, está llegando a un punto crítico. El Gobierno está reprimiendo con fuerza las protestas contra la corrupción y la falta de recursos básicos como la comida o el agua, llegando a producirse un gran número de muertos a manos de las fuerzas del orden.
Mientras tanto, ningún país está prestando atención a lo que está pasando, mientras que todos los días los telediarios de España y el mundo comienzan con noticias de Venezuela, un país que objetivamente está mil veces mejor que Haití, pero que también tiene miles de recursos naturales golosos para Estados Unidos, que sin embargo la nación caribeña no tiene.
La situación es tan grave que las ONGs internacionales que trabajan sobre el terreno no tienen forma de ayudar de forma eficaz a la población, especialmente a los niños que son los más vulnerables. Tanto es así que más de 50 mil menores haitianos de entre 2 y 12 años, muchos de ellos huérfanos, abandonarán el país en las próximas horas y serán acogidos en el país vecino, República Dominicana.
Mientras tanto, el gobierno haitiano encabezado por Moise Jovenel, se desmorona y resulta incapaz de afrentar las protestas que llevan un gran número de muertos y heridos en lo que va este mes de febrero. Al mismo tiempo que las grandes de naciones no han querido intervenir en la crisis, por eso es la única opción que les queda las instituciones de ayuda, buscar el apoyo de la República Dominicana
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